Ningún animal se acomoda de forma precipitada. Observa como lo hacen los gatos o los perros y aprenderás mucho del arte de sentarse y aquietarse. La práctica de sentarse serenamente comienza en el momento mismo en el que decides hacerlo. Tus gestos deben ser cuidadosos y plenamente conscientes. La mayoría de nuestros gestos son inconscientes, hacemos las cosas sin damos cuenta tan apenas de que las hacemos. Si te sientas descuidadamente, tu mente estará muy confusa. Debes comprender que el gesto externo manifiesta la actitud interna.
Dirígete a tu sitio con pasos relajados, sin prisa pero sin pausa.
Siéntate en la postura elegida atento a tus gestos y acomódate bien en ella balanceando un poco tu cuerpo hasta equilibrarte bien.
En todo momento, la mente acompaña el gesto de sentarse de forma que también la mente se asiente. Inicialmente ajusta cuanto sea necesario tu postura como quien aminora la marcha progresivamente hasta quedar perfectamente inmóvil. No pienses, no obstante, que la inmovilidad es igual a tensión. Se trata de un ahorro de energía, una economía del cuerpo y la mente.
Una vez en reposo y mediante el repaso minucioso de las diferentes sensaciones corporales, observa desde la quietud hasta lograr una calma estable y relájate.
Practicar la postura es un excelente ejercicio por en sí mismo que puedes ir mejorando poco a poco. La clave fundamental es que la postura sea flexible y firme a la vez. Como quien navega el gran río de la Vida, por un lado sabe mantener con firmeza el timón de la atención y por otro, sabe adaptarse con flexibilidad a las diferentes corrientes.


Una vez establecida la quietud corporal, debemos intentar aquietar la mente mediante la concentración. Concentración significa "con centro". El centro es donde se armonizan las distintas tendencias; lo contrario es la dispersión: se está sentado con el cuerpo pero no con la mente, como si la mente y el cuerpo tuvieran ritmos diferentes, mientras el cuerpo se mantiene en la tierra, la mente vagabundea entre las nubes.
La mejor manera de armonizar ambas es mediante la atención a la respiración. Ésta es el hilo que mantiene unidos el cuerpo y la mente. Mantenerse atento a la respiración es mantenerse atento a la Vida ya que es la energía que anima tanto al cuerpo como a la mente.
Durante la meditación no es necesario ningún ejercicio voluntario de respiración. Se trata de mantenerse presente, atento al proceso respiratorio. Se elige un punto concreto donde observar la respiración claramente - las ventanas nasales o el abdomen por ejemplo - y procuramos experimentar la respiración tal como se hace por sí sola. La clave está en mantener la atención de forma continua y constante.
Al principio se notarán numerosas interferencias impidiendo la continuidad. No importa cuantas veces se disperse la mente; lo más importante es ser consciente de ello y volver con amabilidad, sin forzar la mente al ejercicio de la atención o la respiración.
Sabiendo lo que tenemos que hacer, lo hacemos, lo ponemos en práctica, volviendo cuantas veces sea necesario al camino. Todo es una cuestión de asiduidad, de perseverancia en un método simple y claro.


En la primera parte, hemos practicado el hacer educando nuestra voluntad y el vigor de nuestra mente, lo cual naturalmente pasado un tiempo nos conduce, si nos excedemos, al cansancio. Ha llegado el momento de ceder, de aflojar.
La primera parte es solamente una técnica que podemos perfeccionar con el tiempo. La segunda parte no es una técnica sino más bien una experiencia. Continuamente estamos valorándolo, todo luchando entre el sí y el no, esto o aquello - siempre luchando contra nosotros mismos, nuestra propia mente, en busca de objetivos, persiguiendo una meta o huyendo de algo, rechazando...
No hacer implica aceptar, admitir la experiencia bien sea física o mental que surge en el instante: aceptarla sin ningún tipo de juicio ni valoración, no pelear más, hacer las paces con uno mismo y escuchar...
Mediante la concentración serena hemos llegado a la cima de la montaña y ahora podemos observar el amplio valle y el inmenso cielo.