Procura que el orden y la sencillez impregnen tu práctica y tu vida. Practica con regularidad en tiempos establecidos con anterioridad. Ten continuidad, no seas de los que terminan antes de empezar.
Sé firme una vez decidido lo que vas a hacer. No busques excusas ni te auto-justifiques. Si siembras la inconstancia y el desorden, no podrás ser de otra manera. El mundo está lleno de personas que empiezan cosas pero no tienen la determinación de mantenerlas.
No te traces metas inalcanzables, ni demasiado lejanas. Ve paso a paso y sin dejar de andar; sin buscar el final sino el siguiente paso.
Sé compasivo contigo mismo pero no te hundas en la autocompasión. Eres humano y tendrás caídas. Ahora sabes lo que tienes que hacer ... ¡levántate y continúa tu camino! Aprende de cada tropiezo pues es tu mayor oportunidad de conocerte realmente: no te ocultes nada a ti mismo.
Deja que la luz de la comprensión ilumine todas tus oscuridades, todas tus tensiones que impiden el flujo de la vida en tu forma particular. Lo que buscas no va a venir de fuera; está contigo en todo momento.
Cuida tus gestos cuando te dispongas a practicar. No te sientes de forma precipitada. Encamínate a ello sabiendo lo que vas a hacer.
Se simple física y mentalmente. Busca el equilibrio de la postura, céntrate y da flexibilidad a todo tu cuerpo, a tu respiración y a tu mente.
Observa la respiración como el movimiento esencial de la vida y ábrele tu corazón, es decir, todo tu cuerpo y mente. Sigue observando y experimentando hasta que surja espontáneamente y puedas gozar de ella. Llegado a ese punto, nada más podemos decir. Vive lo que hay!
No te quejes si tu campo no da más que abrojos. El camino tiene su base.
Cultívala y te dará sus frutos. En tu mano está, y no en otra, la oportunidad de vivir. No busques atajos ni ayuda en lo que tú sólo puedes hacer. No busques los frutos antes de sembrar el campo.
Cuando termines, hazlo serenamente, de forma que tu práctica se extienda al mundo entero.

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